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viernes, 29 de abril de 2011

Sobre la obstetricia en el siglo XIX a.C.

Método para distinguir una preñada normal:

Harás que se sienta en tierra y se embadurne con posos de cerveza a los que se añadirá harina de dátil. Si se pone a vomitar, parirá con normalidad, y el número de vómitos que salgan de su boca será el de niños. Más, si no puede vomintar, no parirá nunca normalmente.

– Papiro de Kahum, encontrado en Egipto (datado en 1850 a.C.) (Citado por Solís y Sellés en Historia de la ciencia, Espasa, 2008)

jueves, 28 de abril de 2011

Sobre la escritura y el escepticismo ante el saber tradicional

“La escritura modificó sustancialmente las técnicas cognoscitivas y el procesamiento de la información. El modo de comunicación oral-auditivo resulta muy inestable, pues se da en el tiempo, se desvanece tan pronto como se produce y depende esencialmente del contexto y del momento. Por el contrario, el modo escrito se da en el espacio y se mantiene en barro o fibras. Se torna duradero y se distancia del contexto de su producción, lo que favorece el análisis, la separación, yuxtaposición y comparación de unos textos con otros. Asimismo, permitió la acumulación y eventualmente la reorganización y mejora planificadora, frente al cambio impalpable e indetectado por los agentes de las culturas orales. El escepticismo y la crítica, siempre presentes en todas partes de manera individual, pueden llegar así a registrarse en circunstancias sociales favorables y, a contraponerse al saber tradicional, pueden poner de relieve las inconsistencias y alentar su resolución.”

– Carlos Solís y Manuel Sellés. Historia de la ciencia (Espasa, 2008)

viernes, 22 de abril de 2011

Santiago Ramón y Cajal sobre el cierre de España a la ciencia

“La frase "Santiago, cierra España” no fue sólo el grito de combate de nuestros guerreros, sino la divisa de nuestros sabios. Cerramos las fronteras para que no se infiltrase el espíritu de Europa, y Europa se vengó alzando sobre los Pirineos una barrera moral mucho más alta: la muralla del desprecio. Desde fines del siglo XVII, nuestros sabios, nuestros filósofos, nuestros literatos, dejaron casi enteramente de ser leídos y citados. Entre los científicos, sólo se salvó del olvido Azara, el gran naturalista que brilló en el siglo XVIII. Como consecuencia de esta segregación intelectual, no prendió apenas en España la semilla del Renacimiento, según nota oportunamente Federico de Onís. Los inyectores de la savia nueva, tales como Lebrija, el Broncense, Pedro Ciruelo y otros, fueron perseguidos. Y no digamos nada de Servet y del Dr. F. Sánchez, el precursos del cartesianismo y del agnosticismo moderno, porque ambos tuvieron que expatriarse para escribir.”
– Santiago Ramón y Cajal, Reglas y consejos sobre investigación científica (1898)

jueves, 21 de abril de 2011

Marcelino Menéndez Pelayo sobre la ciencia española

“Salta a la vista, pues, que importa en extremo a los pueblos no renegar de su abolengo doctrinal, ni limitarse a repetir más o menos servilmente lo que otros pueblos discurren y escriben. Insistere vestigiis, debe ser su divisa; acoger la verdad, sí, venga de donde viniere, pero ingiriéndola en el cuerpo de las que los siglos les legaron, y no aceptándola como prestada siempre que puedan ostentarla como de cosecha propia. Sólo de esta suerte lograrán en la línea científica vida robusta o independiente, consideración y respeto. Impórtale a España muy especialmente seguir esa pauta, ya que, por fortuna, su filosofía de antaño -donde, a lo menos en germen, se contiene casi todo cuanto de razonable y sólido encierran los libros de los modernos pensadores, y aún más que en ellos respecto a no pocas cuestiones- le ofrece, a la vez que seguros métodos, inagotable mina de excelentes materiales para las más variadas, atrevidas y grandiosas construcciones Restaurarla, ilustrarla, ampliarla, embellecerla, siguiendo los designios de Vives, sea por tanto, de hoy más, su principal empeño, si quiere de influida convertirse en influyente en los futuros desarrollos de la razón humana.”
– Marcelino Menéndez Pelayo, La ciencia española: polémicas, indicaciones y proyectos

martes, 19 de abril de 2011

Diógenes Laercio sobre hablar en público acerca de los dioses

“Una vez que Crates le preguntó (a Estilpón, 380-300 a.C) si los dioses se alegraban de las súplicas y adoraciones, dicen que le replicó "Sobre eso no me preguntes, insensato, en la calle, sino cuando estemos solos." Lo mismo se dice al preguntarle Bión si existen los dioses: "¿No vas a apartar la gente de mi, sufridor anciano?"” 
– Diógenes Laercio, Vidas de los filósofos ilustres

viernes, 15 de abril de 2011

Antonio Beltrán Marí sobre lo que los jesuitas ven

“El caso más interesante entre los expertos tal vez sea el de los jesuitas, que constituyen una categoría taxonómica aparte: la de quienes miran y deciden lo que ven. Lo interesante no es si lo deciden en el mismo sentido en que Galileo, al tercer día, decidió que veía planetas en Júpiter, sino que deciden la conveniencia de aceptar que los ven.”


– Antonio Beltrán Marí, Talento y poder. Historia de las relaciones entre Galileo y la iglesia católica (Pág. 116)

sábado, 9 de abril de 2011

Pierre Bayle sobre teología y ateísmo

“Aquellos que afirmaron conocer mejor las doctrinas de la teología, cuando se expresaron claramente, no mostraron conocimiento de más dioses que el aire, las estrellas, y cosas parecidas. Esto en el fondo era puro ateísmo. Me he referido a un pasaje de Eurípides en el que se invoca a Júpiter sin saber realmente quién es. Se admite que gobierna todas las cosas con justicia mediante métodos ocultos, pero se encuentra extremadamente difícil de conocer, y no se puede afirmar si representa la necesidad de la naturaleza o la inteligencia humana. ¡Menuda fe! Un partidario de Spinoza estaría de acuerdo con esto.” 
— Pierre Bayle (1647-1706) (Citado por Jennifer Michael Hecht)

Platón sobre el castigo de la herejía

“8. En el libro 10, expone Platón su famoso programa de castigo al ateísmo y a la herejía. Decir que el universo es producto de la agitación de elementos corpóreos carentes de inteligencia, es ateísmo. Contra tal tesis arguye Platón que no puede menos de haber una fuente del movimiento y que, a fin de cuentas, hemos de admitir un principio que se mueve por sí mismo, que es el espíritu o el alma. De aquí que el alma o el espíritu sea la fuente del movimiento cósmico. (Platón declara que tiene que haber más de un alma responsable del universo —puesto que en éste se dan el desorden y la irregularidad además del orden—, y que puede que sean más de dos esos principios.)

Perniciosa herejía es la de decir que los dioses son indiferentes con respecto al hombre. Contra esto arguye Platón:

a) A los dioses no puede faltarles el poder necesario para prestar atención a las cosas pequeñas.

b) No se concibe que Dios sea tan perezoso o esté tan hastiado, como para no ocuparse en detalles. Aun los artífices humanos se cuidan de los detalles.

c) La Providencia no implica «interferencia» con la Ley. La justicia divina se realizará, en todo caso, a lo largo de sucesivas vidas de los mortales.

Otra herejía todavía peor es la opinión de que los dioses son venales, de que por medio de ofrendas y presentes se les puede inducir a condonar la injusticia. Contra esto arguye Platón que no se ha de suponer que los dioses sean como pilotos a quienes se pueda mover, dándoles vino, a que lleven el barco y a sus marineros a la ruina, ni tampoco cual aurigas a los que se pueda sobornar para que dejen ganar la carrera a otros conductores, ni como pastores que consientan que se les robe el ganado a condición de participar en el botín. Suponer cualquiera de estas cosas es hacerse culpable por blasfemia.

Indica Platón qué castigos deben imponerse a quienes sean convictos de ateísmo o de herejía. Al hereje moralmente inofensivo se le recluirá durante cinco años —por lo menos— en la casa-correccional, adonde irán a visitarle los miembros del Consejo Nocturno, que razonarán con él acerca de lo erróneo de su conducta. (Por supuesto que a los convictos de las dos herejías más graves se les condenará a un encierro más largo.) La reincidencia será castigada con la pena de muerte. En cuanto a los herejes que trafiquen además con la superstición de los otros ciudadanos para aprovecharse de ella, o que funden cultos inmorales, a ésos se les condenará a cadena perpetua y se les tendrá presos en la parte más desolada del país, y cuando mueran se arrojarán sus cuerpos sin darles sepultura, y a sus familiares se les considerará como a menores y pupilos del Estado. Para mayor seguridad, decreta Platón que no se permitan santuarios ni cultos privados.

Advierte también que, antes de perseguir a alguien bajo la acusación de impío, los guardianes de la Ley deberán determinar «si el delito lo cometió por convicción o sólo por pueril ligereza».” 

— Frederick Copleston, Historia de la filosofía (Vol. I Grecia y Roma)

Nicolas Oresme sobre efectos que parecen maravillas

“Aunque va más lejos de lo pretendido, me propongo aquí mostrar las causas de algunos efectos que parecen maravillas, y mostrar que los efectos ocurren naturalmente, como hacen otras cosas por las que comúnmente no nos maravillamos. No hay necesidad de recurrir a los cielos, el último refugio de los débiles, o a los demonios, o a nuestro glorioso Dios, como si él hubiera producido estos efectos directamente, y no más bien a causas que creemos conocer bien.”

—  Nicolás Oresme (1323-1382) Citado por Jennifer Michael Hecht